Me duele mucho escribir sobre este tema. De hecho, lo he intentado varias veces y he tenido que dejarlo.
El abuelo Pedro nos dejó hace casi un mes y ya no podrá ver crecer al tocayo.
Aunque es algo inevitable, uno siempre cree, en el fondo de su alma, que sus padres vivirán para siempre y es imposible estar preparado para decirles adiós.
Entre todos hemos buscado argumentos para consolarnos y, en realidad, son todos ciertos: ha vivido feliz, ha muerto sin enterarse, ha visto crecer y formar una familia a sus hijos... pero lo cierto es que su marcha duele un montón y nos ha dejado fatal a todos los que le queríamos.
Afortunadamente, dada la rapidez con que sucedió todo, no tendremos recuerdos de enfermedad o agonía y, cuando el dolor se atenúe, le recordaremos lleno de vida.
Siempre me han contado que, cuando yo era pequeño y me preguntaban qué quería ser de mayor, no respondía: polícia, bombero o cosas así, decía que quería ser "Don Pedro", como mi padre. Sigo teniendo el objetivo de ser tan feliz como ha sido él toda su vida.
Papa, te quiero.
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