Si Pablo hubiese sido consciente de lo que se avecinaba, se hubiese negado a cumplir los dos años. Le han venido un montón de nuevas responsabilidades de repente:
Le hemos apuntado a una ludoteca (una guardería por horas, para que nos entendamos) un par de mañanas a la semana, para que se vaya acostumbrando a estar fuera de casa sin su mamá, su Tere o su papá. Lleva un par de semanas y aún se harta de llorar cuando le dejamos. Esperamos que se acostumbre pronto.
Hemos solicitado plaza en una guardería municipal para el próximo curso, pues debería estar totalmente adaptado a ese ambiente para el año siguiente, en el que empezará con el cole.
También llevamos una temporadilla regañándole y castigándole cuando pega a alguien. El problema es que le sentamos en una silla y se ha aprendido la cantinela "perdon-unbeso" para que le dejemos levantarse; es complicado no reirse y levantarle el castigo inmediatamente. Parece que ha funcionado bastante bien y se está portando mucho mejor.
Lo que peor lleva es que le hemos quitado el pañal. Siguiendo los consejos que hemos recibido, ha sido una "retirada" radical y sólo se le pone para dormir.
Lo hemos pasado muy mal durante un par de días en los que se ha negado a usar el orinal y, de momento, sigue intentando aguantar; pero poco a poco va aceptando usarlo. Aunque hemos conseguido que se siente un rato, para usarlo "de verdad" tiene que ser de pie.
Lo que más le gusta es que, por fin, le dejamos usar los gayumbos todo el día.